sábado, 30 de mayo de 2026

La América zombi

Me entero de que los senadores del partido conservador están muy disgustados con el llamado fondo de compensación por instrumentalización de la política de 1776 millones de dólares (cifra carismática en el año del 250 aniversario de la nación) que prepara la Casa Blanca para recompensar las tropelías cometidas por los sublevados que, a las órdenes del ahora y también entonces presidente del país, asaltaron el Congreso de los Estados Unidos de América, con el objeto de linchar al vicepresidente Pence, evitar la alternancia pacífica del poder presidencial después de las elecciones y dar así un golpe de estado que permitiera al entonces y también ahora presidente mantenerse en el poder a pesar de haber perdido las elecciones de noviembre de 2020. Al parecer, según algunos testigos de la reunión entre senadores conservadores y el ministro de justicia en funciones, un fulano con cara de sapo llamado Todd Blanche, muchos de los dichos senadores estaban muy cabreados con la idea y las explicaciones del sapo Blanche. No las han podido tragar, y mucho menos digerir, porque les saben a eso, a sapo. ¿Pero y qué van a hacer? ¿Oponerse a la medida? ¡A buenas horas mangas verdes! Ni pueden ni van a hacer nada porque ya no son más que una pandilla de pusilánimes y de meapilas, sin fibra moral ninguna y de una astronómica cobardía, que han estado haciendo la vista gorda y dejado hacer y deshacer lo que le ha dado la gana al actual —y también entonces— inquilino de la Casa Blanca. Lo que pasa es que ahora se dan cuenta por fin de que la historia, o por lo menos los historiadores (si es que aún queda alguien honesto en el país para entonces) van a ser implacables con ellos cuando llegue el momento de dar cuenta y de pasarles la factura de la infamia irredimible de estos tiempos de ignominia y descrédito. Pero déjenme que les aclare primero quién es Blanche, para que así entiendan mejor la situación. Como decía arriba Blanche es el ministro de justicia interino de los Estados Unidos. Es interino porque todavía no ha sido confirmado. Pero está haciendo méritos para que su amo, el presidente, lo nombre oficialmente para el puesto. En este país el ministro de justicia no es sólo el ministro de justicia, es también el fiscal general de la nación, y, por tanto, es el principal brazo ejecutor de las leyes del país. En España, ambos cargos son independientes, al menos en la letra de la constitución (tal vez luego la realidad de la política impone otras dinámicas, pero lo cierto es que, al menos en teoría, pueden actuar de forma independiente). La predecesora de este fulano Blanche, la señora Pam Bondi (bad Bondi!) fue despedida no hace mucho por su amo, el presidente, de ese puesto codiciado ahora por el sapo Blanche. Despedida por no ser lo suficientemente diligente en hacer desaparecer a tiempo o por lo menos ocultar los papeles de Epstein, como le había pedido su amo, el presidente, y por no esforzarse con el denuedo apropiado en perseguir judicialmente y tratar de encarcelar a los enemigos políticos específicos que le indicó su amo, el presidente, en un mensaje que se hizo público. Blanche está mostrando mucha mayor diligencia y empeño en esta última línea de trabajo. Pero volviendo a los senadores: están muy enfadados porque este nuevo atraco del presidente a las arcas públicas de la nación, les pone por fin a su cobardía, a su sordidez moral y a su traición a la Constitución americana un broche que tiene todo el brillo del oro de las treinta monedas de Judas, y que eso ya se quedará registrado para siempre en las páginas más demeritorias de la historia de este país. Porque bien saben, aunque no lo digan ni lo quieran reconocer, que la América que conocíamos murió aquel 6 de enero de 2021. La América que ahora anda a trompicones por ahí, sin saber adónde va y huyendo hacia adelante es un zombi que aún no sabe que está muerto. Sí, como los zombis, todavía camina y es capaz de destruir y de devorar todo lo que se le ponga por delante, pero ya no es más que un cadáver, un autómata galvanizado por sus propios reflejos de un poder que se le escapa de las manos. Murió aquel día y la remataron poco después estos mismos senadores que ahora se echan las manos a la cabeza, cuando empezaron a templar gaitas y finalmente absolvieron al entonces (y también ahora) presidente en el juicio político de destitución iniciado contra él por el Congreso. Este inicuo fondo de cerca de dos mil millones de dólares a repartir entre los secuaces y los amigos del presidente, de carácter secreto y sin ninguna supervisión, revela con toda claridad hasta qué punto han traicionado estos políticos a su propio electorado. La corrupción de la Casa Blanca es un espectáculo diario que ya ni siquiera se pretende disimular. Algunos se están despertando ahora. Otros aún siguen dormidos en un sueño irresponsable, anestesiados por su propia ignorancia. Pero el ridículo dinosaurio naranja sigue ahí, como uno de esos zombis de las películas que ignoran ya han muerto, atrapado entre las cuatro paredes de una casa que amenaza derribar antes de que todos (y sobre todo él mismo) se den cuenta de que es un zombi.

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