Me entero de que los senadores del partido conservador
están muy disgustados con el llamado fondo de compensación por instrumentalización
de la política de 1776 millones de dólares (cifra carismática en el año del 250
aniversario de la nación) que prepara la Casa Blanca para recompensar las tropelías
cometidas por los sublevados que, a las órdenes del ahora y también entonces presidente
del país, asaltaron el Congreso de los Estados Unidos de América, con el objeto
de linchar al vicepresidente Pence, evitar la alternancia pacífica del poder
presidencial después de las elecciones y dar así un golpe de estado que
permitiera al entonces y también ahora presidente mantenerse en el poder a
pesar de haber perdido las elecciones de noviembre de 2020. Al parecer, según
algunos testigos de la reunión entre senadores conservadores y el ministro de
justicia en funciones, un fulano con cara de sapo llamado Todd Blanche, muchos de
los dichos senadores estaban muy cabreados con la idea y las explicaciones del
sapo Blanche. No las han podido tragar, y mucho menos digerir, porque les saben
a eso, a sapo. ¿Pero y qué van a hacer? ¿Oponerse a la medida? ¡A buenas horas
mangas verdes! Ni pueden ni van a hacer nada porque ya no son más que una
pandilla de pusilánimes y de meapilas, sin fibra moral ninguna y de una astronómica
cobardía, que han estado haciendo la vista gorda y dejado hacer y deshacer lo
que le ha dado la gana al actual —y también entonces— inquilino de la Casa
Blanca. Lo que pasa es que ahora se dan cuenta por fin de que la historia, o
por lo menos los historiadores (si es que aún queda alguien honesto en el país para
entonces) van a ser implacables con ellos cuando llegue el momento de dar
cuenta y de pasarles la factura de la infamia irredimible de estos tiempos de ignominia y descrédito.
Pero déjenme que les aclare primero quién es Blanche, para que así entiendan
mejor la situación. Como decía arriba Blanche es el ministro de justicia interino
de los Estados Unidos. Es interino porque todavía no ha sido confirmado. Pero
está haciendo méritos para que su amo, el presidente, lo nombre oficialmente
para el puesto. En este país el ministro de justicia no es sólo el ministro de
justicia, es también el fiscal general de la nación, y, por tanto, es el
principal brazo ejecutor de las leyes del país. En España, ambos cargos son
independientes, al menos en la letra de la constitución (tal vez luego la
realidad de la política impone otras dinámicas, pero lo cierto es que, al menos
en teoría, pueden actuar de forma independiente). La predecesora de este fulano
Blanche, la señora Pam Bondi (bad Bondi!) fue despedida no hace mucho por
su amo, el presidente, de ese puesto codiciado ahora por el sapo Blanche. Despedida
por no ser lo suficientemente diligente en hacer desaparecer a tiempo o por lo
menos ocultar los papeles de Epstein, como le había pedido su amo, el
presidente, y por no esforzarse con el denuedo apropiado en perseguir judicialmente y
tratar de encarcelar a los enemigos políticos específicos que le indicó su amo, el presidente,
en un mensaje que se hizo público. Blanche está mostrando mucha mayor diligencia y empeño en esta
última línea de trabajo. Pero volviendo a los senadores: están muy enfadados
porque este nuevo atraco del presidente a las arcas públicas de la nación, les
pone por fin a su cobardía, a su sordidez moral y a su traición a la
Constitución americana un broche que tiene todo el brillo del oro de las
treinta monedas de Judas, y que eso ya se quedará registrado para siempre en las
páginas más demeritorias de la historia de este país. Porque bien saben, aunque
no lo digan ni lo quieran reconocer, que la América que conocíamos murió aquel
6 de enero de 2021. La América que ahora anda a trompicones por ahí, sin saber
adónde va y huyendo hacia adelante es un zombi que aún no sabe que está muerto.
Sí, como los zombis, todavía camina y es capaz de destruir y de devorar todo lo
que se le ponga por delante, pero ya no es más que un cadáver, un autómata galvanizado
por sus propios reflejos de un poder que se le escapa de las manos. Murió aquel día y la remataron poco después
estos mismos senadores que ahora se echan las manos a la cabeza, cuando
empezaron a templar gaitas y finalmente absolvieron al entonces (y también
ahora) presidente en el juicio político de destitución iniciado contra él por
el Congreso. Este inicuo fondo de cerca de dos mil millones de dólares a
repartir entre los secuaces y los amigos del presidente, de carácter secreto y sin
ninguna supervisión, revela con toda claridad hasta qué punto han traicionado estos
políticos a su propio electorado. La corrupción de la Casa Blanca es un
espectáculo diario que ya ni siquiera se pretende disimular. Algunos se están
despertando ahora. Otros aún siguen dormidos en un sueño irresponsable, anestesiados
por su propia ignorancia. Pero el ridículo dinosaurio naranja sigue ahí, como uno
de esos zombis de las películas que ignoran ya han muerto, atrapado entre las cuatro
paredes de una casa que amenaza derribar antes de que todos (y sobre todo él mismo)
se den cuenta de que es un zombi.
sábado, 30 de mayo de 2026
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